lunes, 30 de diciembre de 2013

ciudad intangible

Sus trazos no son uniformes, posiblemente no siempre armoniosos, pero esto no genera una imagen grotesca, sino todo lo contrario. Cada imperfección le confiere un poco más de belleza a la cuidad, rompe con la exactitud establecida por todos los cánones, pero eso es lo que la hace especial. Es un lugar formado por infinitas partes, como personas pueblan en el mundo, cada una especial y hermosa a su manera. 
Y es que esta ciudad no es como todas las demás. Nadie puede encontrarla, al menos nadie es consciente de haberlo hecho. Y en esta ciudad habita una mujer de largos cabellos blancos, trenzados con la luz de la luna. Envuelve su etéreo cuerpo con un fino velo de polvo de estrellas y posee un rostro sin rostro, tan etéreo como el resto de sí misma.
En el castillo de cristal que predomina la ciudad, lleva a cabo su misión, constante, afanosa en un tarea. Sus finos  dedos trabajan sin cesar. Su cometido no es otro que reparar a las personas que se rompen. Hay algunas fáciles de arreglar, que solo tienen pequeñas fisuras. Sin embargo, hay otras que parecen prácticamente imposibles de recomponer. No desespera con estas, prosigue incansable con su tarea, no importa cuan ardua sea.
Todos los seres humanos pasan por sus manos en algún momento de su efímera vida, pero no pueden afirmarlo, pues a pesar de que la mujer los arregle, ellos no son conscientes de ello, ocurre sin que se percaten, sin sentir las delicadas manos de la mujer entretejiendo las hebras de su conciencia, de su inherencia, de su existencia. Ellos continúan con sus vidas como mejor pueden, hasta que un día están terminados, recompuestos. El resultado nunca será el mismo que en un principio, lo que se conoce como experiencia, lo que nos hace quienes somos.
Cuando la mujer termina con una persona, una parte de ella, esencia tal vez, pasa a formar parte de la ciudad intangible expandiéndola aún más en su infinitud. 
Y a pesar del tiempo interminable tiempo empleado y de tan complejo cometido, esta ciudad será eternamente desconocida. Nadie salvo la mujer de largos cabellos blancos trenzados con luz de luna sabrá jamás de su existencia.
Ciudad intangible, ciudad desconocida.
 
-H.

metáfora

Su boca de dragón exhalaba el fuego del averno y sus afiladas garras, duras como el acero, se hendían en su espalda, anclándose a ella con fuerza para no dejarla marchar, dejándole marcas alargadas en la piel. Batía sus furiosas alas imponentes, volando cada vez más alto, alejándolos del mundo, envolviéndolos a ambos en un feroz abrazo.
La sensación de vértigo se apoderó de ella y sintió una fuerte opresión en el pecho que no le permitía más que jadear intermitentemente, sin apenas aire en los pulmones.
Aquella bestia que se había apoderado de ella irremediablemente era astuta como ninguna otra, vistiendo una piel de brillantes colores y porte cautivador. Cualquiera que lo mirase, ansiaría acariciarlo, maravillarse con su mera presencia.
Y eso le había sucedido. Se vio atrapada en la explosión de color en el lomo del animal cuando los rayos de sol impactaban contra su maciza piel, que los partía en infinidad de tonalidades imposibles. Se había acercado al dragón, lentamente, paso a paso, aguantando la respiración, incapaz de creer que realmente estuviera frente a algo tan dolorosamente hermoso.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, suavemente, con las llemas de los dedos, acarició las rugosas escamas, cerró los ojos y se deleitó en la cálida sensación que ese contacto le producía. La calidez le recorrió el brazo, el pecho, la espalda, hasta que la embargó por completo. Y entonces esa sensación cambió paulatinamente, hasta tornarse en un profundo miedo que se había asentado en sus entrañas. Y el dragón echó a volar con ella a cuestas como una insignificante muñeca de trapo viejo.
Ahora lo miraba fijamente a los ojos, pozos sin fondo de la turbidez más abrumadora que ella jamás hubiera visto. No reparó en sus ojos antes, cuando lo admiraba, sin embargo, en aquel momento era consciente de la oscuridad que albergaba la bestia en su interior, pues a través de sus pupilas pudo ver su verdadera esencia, sin el disfraz de colores relucientes.
Estaba perdida, sola en el aire, acompañada únicamente por aquel ser de ojos de oscuridad. No sabía si sobreviviría. No sabía si podría recuperarse de aquel horror, si es que alguna vez terminaba.
Lo que momentos antes precía lo más extraordinario sobre la faz de la Tierra, había resultado ser su perdición más absoluta.
Fue otra más, pobre ingenua, que cayó en las garras del engaño.
 
-H.


miércoles, 30 de octubre de 2013

relucientes faros en medio de una oscura noche de tormenta

Pocos poetas han sobrevivido al paso del tiempo y se hallan ocultos a los ojos de la sociedad en el fondo de almas puras, condenados a vivir sometidas a la cruel indiferencia. Ya no alegran la primavera con sus versos, ya no calientan el cuerpo en los fríos meses invernales con sus rimas melodiosas.
Ahora su ausencia deja un velo de insignificancia sobre todos los detalles, insulsos.
Porque la vida, sin el arte de los poetas, no es vida, sin sus filigranas verbales, sin su manera de enamorar, de hacer de cada trivialidad un mundo, la gris monotonía domina los días desde el alba hasta el crepúsculo y la desvaída rutina se afana por conquistar cada ápice de nuestra predecible existencia. 
Antaño el simple arrullo que produce una hoja al caer de una rama en otoño daba lugar a las más hermosas obras de arte, combinaciones de palabras inmortalizadas con tinta, o efímeras y breves, susurradas por unos labios virtuosos. Sacaban la hermosura de las nimiedades más absolutas, envolviendo todos los puntos de vista con un brillante halo de emoción.
Mas ahora no queda de ellos más que retazos de lo que un día fueron, recuerdos relegados al despiadado olvido.
Y estas almas puras tras las que se esconden los poetas, sangran impotentes ante el curso de la vida. El ser humano decidió reprimir la poesía del día a día y reducirla a polvo, haciéndola desaparecer, aunque aún, entre sábanas blancas, pieles suaves y reflejos de sol, entre fragancias exquisitas y las tapas duras de un volumen que encierra una historia, se ocultan las reflexiones y pensamientos de los poetas aún vivos, de los poetas que van de incógnito tras máscaras de apatía. Sin embargo, nunca serán como el resto, los delatará su mirada, que ve más allá que cualquier otra, sus ojos cual relucientes faros en medio de una oscura noche de tormenta.
 
-H.

jueves, 24 de octubre de 2013

observador con ojos de luz

En aquel valle solitario y tranquilo, tanto que casi se atrevería a llamarlo Paraíso, impregnó sus pulmones con aire puro.
Pero el aire no era solo puro, no. Sintió que respiraba sueños perdidos u olvidados que al cabo del tiempo acaban vagando errantes, sin destino ni destinatario, por la apacible atmósfera de aquel pedazo de tierra, que igual no era tierra sino cielo. 
Respiró deseos del corazón de alguna bella muchacha o de un alocado joven que no se dio cuenta de haberlo extraviado, pues incontables eran los que ocupaban su concurrida mente. Él sí podía permitirse extraviarlos, mas pronto, cuando el paso del tiempo los haya quemado todos, echará en falta aquel deseo que antaño perdió y su ingenua alma no fue capaz de percatarse, aunque ya poco podía hacer por recuperarlo, pues bien sabía que los deseos perdidos van todos a un mismo lugar, del que ya nunca vuelven, donde ya no se pueden reclamar.
Respiró un pensamiento, suave y ligero como el ala de una mariposa, hermoso, moteado y de colores, pasajero, cálido como el beso del Sol primaveral, que huyó de algún ente que ya nunca lo recordará. Aguantó la respiración para poder disfrutar de él durante unos instantes más.
Respiraba todos aquellos reflejos de humanidad que deambulaban a su alrededor, y no sentía otra cosa sino celos. Ansiaba poder sentir como lo hacía un alma humana, ansiaba experimentar en su piel lo que era un pensamiento tangible, como el que ahora se negaba a dejar escapar de sus pulmones.
Durante días, años, siglos, mantuvo el pensamiento en su interior, protegiéndolo como si de un preciado tesoro se tratase, y en realidad así era, y de vez en cuando, dejaba que merodeara por su cuerpo, produciéndole la misma sensación que aquella primera vez que lo respiró.
Apenas fue consciente de ello, pero su inconsistencia fue desapareciendo poco a poco, sus plumas de luz mitigaron su intensidad hasta ser ínfimos haces imperceptibles para finalmente extinguirse como una antorcha en una tormenta. El etéreo ente alado se transformó en lo que tanto ansiaba, sin opción de retorno. Pero fue su procedencia su primer recuerdo huidizo, que se zafó de su mente humana, y viajó al mismo lugar desde donde, en otro tiempo, en otra vida, un hermoso ser de luz y pureza contemplaba el mundo con desazón en la mirada y añoranza por lo que nunca tuvo, que más tarde consiguió y pronto olvidó.
No sabía que sería un hombre y ahora no sabe que fue un ángel.

viernes, 18 de octubre de 2013

18.10

No todo es blanco o negro. No se trata solo de ser buenas o malas personas. Se trata de decisiones que hay que hacer en momentos difíciles, decisiones que pueden ser erróneas o acertadas, pero al fin y al cabo, decisiones que nos hacen quienes somos y determinan quiénes seremos mañana, y pasado, y al otro. Las personas se definen por sus errores y aciertos.
Es fácil juzgar una mala decisión cuando no eres tú quien ha de tomarla. Pero siempre es complicado, y muchas veces las cosas van más allá de lo que la gente puede ver. Nunca vas a saber realmente lo que hay detrás de cada elección, a no ser que sea la tuya, y entonces desearías no saberlo.


-H.

Un invierno en la playa

Nunca disfruto con nada, siempre pensando en lo que vendrá luego. Creo que todos somos así... vivimos a toda velocidad sin disfrutar del momento, inmersos en nuestro ritmo acelerado para conseguir nuestros propósitos en la vida.
Pero tengo flashes de lucidez, de gran lucidez en los que me paro a pensar y me digo << Espera, ya la tengo. Esta es mi vida. Afloja el ritmo y disfrútala, porque todos acabaremos bajo tierra, y se habrá acabado todo>>.

- UN INVIERNO EN LA PLAYA.

jueves, 10 de octubre de 2013

Por qué

Hay tantas cosas que no estás viendo, tantas cosas las que te estás perdiendo. Te habría encantado vivir todo esto. Seguimos viéndonos de vez en cuando, aunque ya no tan a menudo como cuando estabas tú, pero todo sigue como siempre. Te encantaría ver que sigue habiendo risas y conversaciones agradables a pesar de lo ocurrido, que seguimos queriéndonos tanto como siempre y que nunca faltan abrazos entre nosotros. Somos esa gran familia que todos recordamos, ahora más pequeña, pero indestructible. Tú creaste eso. Y el hecho de que se mantenga significa que lo hiciste bien, muy bien. No hay día que no te recordemos, aunque nadie lo mencione, estás por todas partes, estamos rodeados de ti. Rodeados de recuerdos de toda una vida, de todas nuestras vidas. 
Un día, sin previo aviso, te marchaste. Pero eso no nos destruyó, solo nos hizo más fuertes y cada vez que nos miras desde algún marco de fotos la herida sigue sangrando, y en el fondo sabemos que es posible que nunca sane, y eso, desde mi punto de vista, es bueno, porque significa que te queremos, que no te olvidamos. Y es que nadie te ha olvidado.
Yo no te he olvidado. Muchas veces sigo preguntándome por qué.Por qué tuvo que ocurrir. Porque en momentos de debilidad me doy cuenta de lo insignificantes que somos aunque no lo veamos. Somos pequeños en la inmensidad del mundo. Irrelevantes. 
Y de repente puede sucedernos la mayor de las tragedias, sin explicación, sin aviso. Y no importa, porque no somos nada.
Buscamos respuestas que van más allá de nuestro entendimiento y sufrimos por no encontrarlas. Y es que nunca las encontraremos.



-H.

viernes, 4 de octubre de 2013

Sonrisas de amapola

Se acabaron las sonrisas de amapola, las caricias de suspiros y los susurros de sirena.
Confidentes desconfiados, desconocidos, extraños.
Juega el viento con sus rizos, evocando amores y traiciones. Juega el viento con sus recuerdos, que un día fueron felices, que ahora solo son desgarradores.
Sus intentos por escapar de su presa son desesperados, pero vanos. No hay escapatoria, y lo sabe. Pero aún así intenta zafarse, hasta que el cansancio y la resignación se apoderan de su ser, y se abandona al sufrimiento.
Acepta la tortura que es el recuerdo, y tras largo rato su alma se desangra.
Y se termina. 
El martirio, satisfecho, abandona su cuerpo.
Y entonces sabe que sus ojos no derramarían más lágrimas acusatorias, que está limpio de de dolor. Que podrá verse de nuevo en sus pupilas, envuelto en su perfume, pero ya no volverá a perderse en ellos.

-H.

Bienvenido al mundo

Indiferente, el mundo sigue día tras día.
No importa lo que ocurra, pase lo que pase, el Sol seguirá saliendo, inexorable, por el Este y escondiéndose por el Oeste. No cejará en su imposible intento de abrazar a la Luna, y las estrellas seguirán salpicando el oscuro firmamento, manto de la noche, refugio de almas desoladas.
No acallarán los pájaros sus cantos, no dejarán las aguas del río de recorrer su cauce.
Cuando todo se te antoje sin sentido, absurdo o cruel, seguirá el tiempo contando los segundos, descontándotelos a ti, marchitando tu suave piel y tiñendo tus cabellos de nieve.
Cuando de ti no quede más que el recuerdo, o ni tan siquiera eso, el Sol, inexorable, saldrá por el Este y se esconderá por el Oeste, y no cejará en su imposible intento de abrazar a la Luna.

-H.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Círculo vicioso de palabras lascivas

Los prejuicios rigen las normas de esto a lo que llamamos mundo. Lenguas afiladas como cristales cortan las delgadas fibras de la autoestima. Y no se hace nada, las miradas se dirigen a otro lado como si nada estuviese ocurriendo. La gente se refugia en la comodidad de lo conocido, de lo aceptado, con temor a salir de lo establecido como normal. Cohibidos, sin poder hacer lo que quieren, sin poder ser ellos mismos. 
Todo sería más fácil si la gente dejara de rechazar lo que es diferente y empezara a disfrutar e ignorar lo que puedan pensar los demás. La vida es efímera, y se nos escapa entre los dedos. Aprovecha al máximo el poco tiempo que te queda, porque eso es lo que es, poco. Nunca vas a poder controlar lo que se dice de ti, ni de nadie. Las personas son así por naturaleza. 
Borregos en serie de la fábrica del Universo.


-H.

viernes, 27 de septiembre de 2013

wild is free

Cuando la música suene, vuélvete loca, y que las luces de colores iluminen tu piel con olor a libertad. Haz todo menos lo que se espera de ti, rompe los esquemas. Cuélate en una foto de estrangis, grita por la calle sin temor a que nadie te mire de forma extraña. Baila al compás del viento y pisa con la fuerza de un huracán. Báñate en el mar en invierno. Hazte un tatuaje que plasme tu juventud. Acaba con la rutina que se apodera del día a día. Si ríes, que sea a carcajadas, que te duela. Si besas, que sea con la pasión que solo nosotras tenemos. No sueñes solo cuando estés dormida, hazlo durante todo el día, durante toda la vida. No hagas caso, no bajes a la Tierra, quédate en las nubes y no tengas los pies en el suelo.
La vida es más divertida del revés, así que habrá que vivirla haciendo el pino.


-H.

jueves, 26 de septiembre de 2013

La oscura silueta de los árboles

Se despertó de madrugada, como le ocurría últimamente. La ansiedad no le dejaba dormir bien y cuando se despertaba no tenía más remedio que ponerse los vaqueros del día anterior y salir a la calle a pasear.
Se encendió un cigarrillo y expulsó el humo de sus pulmones mientras el frío de la noche despejaba su mente.
Aquellos momentos en los que las calles estaban desiertas y todo cerrado, eran los que empleaba en pensar. No en pensar en su día a día, como haría cualquier persona, especialmente una persona de su condición. La gente desgraciada, por lo general, suele regodearse en su miseria. Pero él no.
Sus lentas y rítmicas zancadas lo llevaron al mismo banco que las pasadas noches, lugar que ya se había convertido en su santuario, en su Meca.
Y allí, mientras su mirada se fijaba en la oscura silueta de los árboles, dejó a sus pensamientos vagar libremente, empezando por la sonrisa de una desconocida mujer con la que se había cruzado horas atrás en la calle, después se acordó de la breve llamada telefónica que le había hecho su hermana, su único familiar, que tanto le alegraba los días, la inocencia de una pequeña niña rubia que jugaba en el parque a la hora de comer…
Inevitablemente su mente se mantenía ocupada rememorando los efímeros momentos en los que la felicidad lo encontraba. Hacía tiempo que había descubierto que pensar en las cosas malas que le ocurrían, no hacía más que aumentar su desdicha. Sin embargo, una noche de verano, cuando la fresca brisa nocturna revolvía suavemente sus cabellos, se dio cuenta de podía encontrar la paz, aunque solo fuera durante unos instantes, si cerraba los ojos y revivía los pequeños instantes de alegría. De esta forma se evadía de sus problemas y de su mejorable situación.
De esta forma, un hombre con más problemas de los que la mayoría de nosotros podemos contar, conseguía ser cada día más feliz que muchos.



-H.

lunes, 19 de agosto de 2013

cenizas de una mente torturada

Quiero dejar de vagar por este páramo marchito y gris. Cada fibra de mi nimio ser desea que mi alma y mi cuerpo se deshagan en mil pedazos y se conviertan en viento. 
Este lugar de desesperación ya no está hecho para mí, o yo ya no estoy hecha para él. Solo quedan cenizas de una mente torturada, retazos de un ente que es pero que no existe, un cuerpo vacío, hueco.
No siento el frío ni el calor, tampoco dolor. No siento nada.
Solo quiero desaparecer, junto con esa otra parte de mí que hace tiempo se marchó, como si nunca hubiera estado, dejando un corazón muerto y una mirada perdida.
Las correas son lo único que me atan a la vida, al suplicio, a mi condena. El duro colchón bajo mi espalda es eterno recordatorio de la prisión en la que me encierran.
Creen que estoy loca, puede que sea cierto. Puede que el sufrimiento haya terminado por resquebrajar la poca cordura que me quedaba. Tampoco importa ya.
No necesito compasión, no la quiero. Lo que ansío es libertad para poder volar lejos de aquí, para cerrar los ojos y no volver a abrirlos, no volver a respirar este aire viciado y sucio, plagado de mentiras y cinismo.
Pero los que creen ser mis salvadores no son más que sombras que arrojan puñados de tierra sobre mi tumba en vida.
Necesito huir, desesperadamente. Ya no es suficiente imaginarme libre. Me quedo sin aire, pero no muero, me ahogo pero sigo respirando. Quiero gritar pero no tengo voz para hacerlo.
No sé cuánto tiempo estaré así. Tal vez alguien me comprenda y me deje marchar, eso es lo que espero. O tal vez no es más que una esperanza sin sentido que juega con el poco entendimiento que me queda. Tal vez cumpliré condena hasta que los días del mundo se apaguen. No lo sé, no sé nada.
Solo sé que quiero morir.


-H.

jueves, 15 de agosto de 2013

El Nombre del Viento

<<He robado princesas a reyes agónicos.  Incendié la ciudad de Trebon . He Pasado la noche COn Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a Una edad a la que la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche Caminos de los que otros no se atreven a hablar siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar bardos. Me llamo Kovthe. Quizás hayas oído hablar de mí. >>

-EL NOMBRE DEL VIENTO, PATRICK ROTHFUSS.

lunes, 12 de agosto de 2013

un instante de libertad

La luna llena brillaba alta en el oscuro firmamento salpicado de estrellas, iluminando aquella noche fresca como si aún fuese de día.
La joven se apoyó en la ancha barandilla de mármol blanco y en sus pupilas se reflejó la reina de la noche. Tomó una gran bocanada de aire que soltó en forma de suspiro soñador. Su mirada se perdía en la línea del horizonte, en la que se  recortaba la silueta de las montañas en la distancia. Jamás había traspasado las murallas del palacio, no conocía más allá de sus paredes decoradas con los más exquisitos relieves o cubiertas con los más caros tapices provenientes de lugares exóticos y lejanos que hubiera deseado contemplar. Su vida estaba llena de lujos y cada mañana las esclavas adornaban su cuerpo con vestidos de seda y piedras preciosas. Trenzaban su pelo con hebras de oro y flores.
Aquella preciosa muchacha era la envidia de cualquier mujer por su innata belleza, sus preciosos ojos oscuros y la delicadeza de sus facciones. Sin embargo, nadie la había visto sonreír. 
Caminaba errante por los pasillos, absorta en sus pensamientos, sumida en su propia desesperación. 
Los vestidos la ahogaban, las joyas le pesaban como losas y su ánimo se marchitaba cada día un poco más.
El único momento en el que sentía que podía respirar era aquel en el que todo el palacio dormía profundamente y ella salía a uno de los grandes balcones que dominaban la cara norte del edificio. Entonces oteaba en la lejanía y jugaba a imaginar qué maravillosas tierras se extenderían tras las cadenas montañosas que cercaban sus dominios. Cerraba los ojos y podía verse en terrenos exóticos completamente nuevos para ella, donde podía correr cuanto quisiera sin que nadie la detuviera. No tenía límites, no era de nadie mas que suya, y solo entonces una sonrisa se dibujaba en su rostro. 
La brisa se entrelazaba con sus cabellos que desprendían fragancias de rosas salvajes. Purificó los pulmones con ese aire, que nada tenía que ver con la viciada atmósfera de palacio.
El alba comenzaba a despuntar y el cielo se teñía de tonos rosados. De nuevo, una vez más, su retiro del mundo había tocado a su fin. Y cada día era más difícil volver a la realidad. 
Esta vez sería diferente, se dijo, esta vez sería suya, como tantas veces había fantaseado. Pero no sería un sueño, no. Sería real, muy real.
Con su ágil juventud se subió a la barandilla y extendió los brazos.
El viento a sabiendas de sus intenciones intentó detenerla, pero solo logró que su vestido añil se agitara como las olas del mar.
Miró abajo, donde quedaban, a tanta distancia, los hermosos jardines repletos de capullos en flor.
Y se arrojó al vacío. Sin que nadie pudiera evitarlo.
Ya era suya.
Horas más tarde su cuerpo fue hallado entre las flores, tan hermosa como siempre había sido. Parecía estar sumergida en un profundo sueño. 
Pero encontraron algo extraño en ella: estaba sonriendo. 
Y la sonrisa de la joven en aquel cuerpo sin vida fue lo más bonito que nadie había visto jamás.

-H.


domingo, 11 de agosto de 2013

un lienzo por pintar

Los olores se entremezclan en un remolino de perfumes que me dejan atontada. Todo huele a césped recién cortado, Sol y tranquilidad. Todo huele a verano. A un verano de mil colores, de flores, de pájaros, de niños riendo.
Una profunda sensación de paz se apodera de mí. Sensación que solo esta época del año consigue producirme. Ahora todo se ve desde otra perspectiva, con otros ojos. Ya no está el velo de la incertidumbre, del cansancio... Todo es más brillante, todo está más vivo. La vida me pide a gritos que la viva, ya, ahora, como nunca antes.
Un millón de posibilidades se despliegan ante mí, posibilidades que antes no estaban ahí. O que yo estaba demasiado ocupada como para reparar en su existencia. Demasiado ciega.
Pero hoy puedo pintarlo todo de verde, rosa y amarillo.
Hoy puedo hacer el mundo mío.

-H.

lunes, 3 de junio de 2013

dos copas para uno

¿Y qué si necesito sentir otra vez el calor del Sol sobre mi piel? ¿Y qué si necesito oír de nuevo el arrullo de las olas rompiendo en la orilla, pintando de blanca espuma mis mañanas? ¿Y qué si necesito que tus labios me vuelvan a besar, como siempre hacían? No es malo. No, no lo es, lo sé. 
El dolor se lo ha llevado el viento salado, ya no nubla mi mente ni mis sentidos, ya no me hace pequeña en un mundo de gigantes. Ya solo queda el recuerdo de tus sonrisas  y tus miradas de reojo cuando pensabas que yo no me daba cuenta. Ya solo queda tu imagen, apoyado en el balcón, con la mirada perdida en algún punto del inmenso mar, recortado contra el naranja del cielo en llamas, del crepúsculo. Ya solo queda tu olor, tu suavidad contra la mía, ya solo queda el recuerdo de nuestras risas mezclándose en sonoras carcajadas, acalladas por un beso imprevisto. Ya solo quedas tú.
Y sé que puedo volver, ahora lo sé, al que fue nuestro hogar. Al que, aunque pasen los siglos y se sucedan mil tormentas, seguirá siendo nuestro hogar.
Ya no tengo miedo de la soledad, porque no estoy sola, porque de algún modo estás conmigo, y por eso, cada noche me apoyo en el mismo balcón en el que tu lo hacías, y nos sirvo una copa de vino a cada uno. Y miro el mar, tal como tú lo hacías antes de dejarnos, encontrando la paz que antes no entendía, la paz que tú necesitabas y que ahora yo necesito. Apuro mi copa y miro cómo la tuya sigue llena, como cada noche. Sonrío, porque siento tu risa en mi nuca y tus brazos a mi alrededor. "¿Por qué sigues poniéndome una copa cada noche si sabes que no puedo beberla contigo?" me imagino que me susurras al oído.
- Porque esto me impide olvidar que siempre estás conmigo. Porque te quiero.


H-



sábado, 1 de junio de 2013

Rome

Todos los caminos llevan a Roma. Y Roma es la decepción. 
La decepción más absoluta y más dolorosa. 

H.-

lunes, 27 de mayo de 2013

SOY

Soy el pasado, y el presente, y también el futuro. Soy el tiempo que corre inexorable. Siempre soy, y nunca puedo dejar de ser, por más que me gustaría. Eterno e intangible, observando cómo el mundo se consume a sí mismo, reduciéndose a cenizas, a polvo. Conozco las desgracias venideras y nada puedo hacer para evitar su inminente llegada. Impotente en la impotencia más absoluta. He visto mil universos sucederse, uno tras otro, pero yo sigo aquí. Deseo un fin que nunca llega, que nunca llegará. Cuando el mundo termine de ser mundo, el fin no me alcanzará, como tampoco el principio pudo hacerlo.
Errante en mi eterno camino hacia el infinito, etéreo, omnipresente.

H.-

domingo, 19 de mayo de 2013

[ ]

Habló, rompiendo el silencio, pero nadie contestó, y sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, pesadas como nada, haciendo aquel momento incluso más incómodo. Nadie quería hablar del tema, era demasiado reciente, demasiado doloroso para expresarlo con palabras vacías. ¿Merecía la pena siquiera estar ahí? Cerca de todo aquello que les recordaba a ese desafortunado momento de sus vidas, tras el cual nada volvería a ser como siempre había sido, como tenía que ser. Cerrar los ojos era imposible, al menos para algunos, que no podían borrar la escena de su mente. La tenían grabada detrás de los párpados e irremediablemente, intentar sumirse en el sueño significaba volver a pasar por todo otra vez. En ese punto, se preguntaban si de verdad aquella locura había servido de algo. Pero en su fuero interno sabían que la respuesta era SÍ. Desde un primer momento sabían que tendría que haber algún sacrificio para alcanzar su objetivo. Aunque entonces no sabían de qué magnitud habrían de ser éstos. Ahora que lo sabían, no estaban seguros de querer seguir adelante. Pero ella no podía darse por vencida, no ahora, que habían llegado más lejos que ningún otro, que estaban cerca de conseguirlo. No, no podían recular. Seguirían, con todo el dolor que la pérdida conlleva, a rastras si era necesario, pero no mirarían atrás.
Volvió sus ojos y observó el que podría ser su último atardecer, iluminada por la mortecina luz anaranjada del crepúsculo.


-H.

Vana esperanza de una desesperada imaginación

Nada en el mundo podría hacerme apartar la vista de ti, ahora que soy tuya, ahora que eres mío, como nunca nadie lo ha sido, como nunca nadie lo será. Los minutos pasan, pero apenas si soy consciente de ello. Nada puede importarme más allá de nosotros. Por fin, ese maldito vacío que me atenazaba el pecho constantemente, ha desaparecido, lo has llenado con tu luz y sé que ya puedo respirar tranquila. Que no me romperé en mil pedazos porque estás tú, para sujetarme, no me dejas caer.
Una cálida luz baña mi rostro. Tras mis párpados, formas de colores danzan sin ton ni son. Al abrir los ojos me doy cuenta de que esa luz es el Sol, que se filtra por mi ventana, dándome los buenos días. Aún no me desperezo, sigo tumbada sobre la cama, mi pelo cubriendo la almohada simulando una cascada cobriza. La sonrisa aún sigue en mis labios y estiro el brazo para tocarte, a mi lado, pero el colchón frío acusa tu ausencia, me grita que no fue más que un sueño, un sueño tan real que parece ser cierto, pero no lo es. De nuevo esa presión en el pecho. De nuevo me resquebrajo, sabiendo que con cualquier movimiento podría romperme, como aquella vez. Y tú, tú, tú eres el culpable, ambos lo sabemos, pero lo que solo yo sé, es que también tú eres el único capaz de mantenerme viva. Pero ya no estás. Hace tiempo que no estás. Alguna noche visitas mis sueños, dulce consuelo del subconsciente.
Me arrebujo entre las sábanas, cada vez más frías, cada vez más grises. Y pienso.
Podrías volver. Es posible que algún día vuelvas. ¿Te estaré esperando? No sé si llegaré cuerda a ese momento o si la añoranza habrá conseguido abandonarme. A quién quiero engañar. Seguiré en el mismo monótono letargo en el que estoy sumida desde hace años. Y si volvieras dejaría de ser un maniquí, una marioneta movida por las cuerdas de la vida. Sería yo de nuevo, sería yo riendo, soñando, volando, sería yo, sin duda. Y rezo, si es que hay alguien que me escuche, para que ese momento llegue algún día. Que no sea solo una vana esperanza de mi desesperada imaginación.

-H.

lunes, 1 de abril de 2013

luz de esperanza

Las tinieblas te consumen y apenas eres capaz de arrancar tu angustia del pecho. El camino es arduo y difícil de recorrer. La lluvia empapa tu pelo y las gotas de agua resbalan hasta quedar pendidas de tus pestañas, pero no las ves. No ves nada más allá de tu desesperación. Exhausta, tu cuerpo no te permite dar un paso más. Porque ya has caminado durante demasiado tiempo y estás en medio de ninguna parte, tanto esfuerzo y dolor te han guiado hasta un páramo repleto de incertidumbre que hace que cada célula de tu ser se estremezca.
De rodillas, te abrazas a ti misma, te sujetas para no romperte en mil pedazos, para no quedar reducida a polvo
El vacío se apodera de ti más y más y ya no hay flaqueza de la que sacar fuerza, no hay tripas de las que hacer corazón, y tus ojos se cierran para hacerlo más rápido, para no ver tu inminente final. Pero algo se enciende tras tus párpados, que tiemblan indecisos, reacios a abrirse por miedo a encontrar que algo peor aún se cierne sobre ti, que la pesadilla no ha terminado. Aun así lo hacen, y no dan crédito a lo que ven. La cúpula gris que es el cielo se ha roto. Solo un poco, una mínima fisura en un manto impenetrable de hormigón. Y aunque no parezca cierto, ahí está: un rayo de luz dorada se infiltra, abriéndose paso hasta el suelo, bañando todo de color a escasos metros de ti. Te acercas y dejas que su color se reconforte, te abrace, que te devuelva todo lo que has perdido. Luz de esperanza.



-H.

3/13

Pocos momentos son comparables a este. A este momento en el que el estómago se me llena de aire helado y se me acelera el corazón. La sangre corre por mis venas a velocidades imposibles y mis ojos no pueden apartarse de ti. De esa sonrisa que hace que todo mi mundo se tambalee. Quedarme prendida de tu mirada es un hábito adquirido hace ya tiempo, un vicio que me sostiene con vida en este mundo de muerte. Conozco tus rasgos como si te conociera desde siempre y sueño con perderme entre tu piel, embriagada por tu esencia, reconfortada con tu calor, y que ningún mapa pueda enseñarme el camino de vuelta.


-H.

jueves, 28 de febrero de 2013

Tan cerca y tan fuera de mi alcance

La impotencia me consume. Lo veo y sé que no puedo hacer nada para evitarlo. 
Está ahí, es real, muy real, pero solo tú puedes luchar contra la bestia, que te araña, que te marca la piel. Indiferente ante la dulce sangre que brota de tus heridas, sigue. Sigue porque no puede parar, porque no quiere hacerlo. Tu invisible tortura, también la mía.
Temes a la soledad, momento en que el filo de sus despiadados ojos brilla de nuevo y se abalanza sobre ti, te domina, y no te suelta hasta que las punzadas de dolor alivian por unos instantes tu profunda oscuridad., oscuridad que tus ojos reflejan pero nadie adivina. Nadie lo ve, nadie lo sabe. Porque es difícil de creer. Ojalá no fuera cierto, pero cerrar los ojos no va a hacer que se desvanezca y sin embargo, mantenerlos abiertos duele, me oprime el pecho hasta dejarme sin respiración.
Es muy grande, mucho más que yo, insignificante. Y lo escondes, te escondes detrás de falsas sonrisas entre calada y calada, odiando cada segundo que pasa, porque sabes que tendrás que volver a estar solo. Tarde o temprano volverás a estar solo y la sangre y las lágrimas se mezclarán de nuevo como tantas otras veces.
Y me mata. 

martes, 12 de febrero de 2013

evasión

 Las teclas del piano rompen el silencio, haciendo perfecto lo imperfecto. Y mientras siga sonando, nada podrá importunarme, mientras esta balada de hermosas y dulces notas colme mis sentidos con la suavidad de un susurro, mi mente seguirá clara, pura. No puedo pensar en nada más. 
Y desearía que nunca tocase a su fin, desearía que este estado de embriaguez durara eternamente, apartándome por completo de todo cuanto me rodea. Toda la incertidumbre y maldad que encierra el mundo tras sus engañosas maravillas.
Pero una vez más la última de las notas repiquetea solitaria en el aire antes de desvanecerse, haciendo caer sobre mi, el peso de todo aquello cuanto quería evadirme, haciendo mi carga aún más pesada. Sé que no puedo perder más tiempo, que ahora, en el silencio, se hace más palpable que nunca. Un bien limitado que ni siquiera los más ricos pueden acumular. El tiempo, inexorable e imperturbable, avanza segundo a segundo, arrancándonos la vida a los mortales, ciegos y embrutecidos, ignorantes de nuestro propio destino, hasta que se presenta demasiado cerca para poder cambiar el curso de las cosas. Un paso tras otro, mi cuerpo avanza, no sé si ya lo hace mecánicamente, usando la costumbre como motor. No lo sé. No sé nada. Nadie sabe nada. Unos pocos afirman lo contrario, demostrándose más ingenuos o estúpidos aún. Pero nadie puede refutarlo, pues nadie sabe que están equivocados. Nadie sabe que no sabe nada, nadie sabe que todo es intrascendente a largo plazo, nada perdura, y de poco sirve perder el tiempo con cosas que no repercutan en el ahora, en el hoy, porque puede no haber mañana, porque puede que, si lo hay, no estés tú para contemplarlo. Pero creen saber, creen ser importantes en un mundo que apenas es consciente de su existencia, tan infinito como el pensamiento mismo.

-H.

sábado, 19 de enero de 2013

Heart beats

Había imaginado una escena similar muchas veces antes, en mi cabeza, pero realmente nunca llegué a creer del todo que fuera a suceder.
No estoy sola, a pesar de que es lo que desearía en este momento, cuando la verdad ha caído sobre mí como un jarro de agua helada, que me despierta de mi absurdo y cómodo letargo en el que cualquier cosa podría ser la peor. Lo que quiere decir que, en realidad, no existe nada tan malo. Pero esa burbuja en la que vivía suspendida ha explotado, haciéndome caer al vacío de la desesperación.
No quiero que lo hagais, no quiero que me digais que todo va a ir bien, no quiero que afirméis que no va a pasar nada. Cómo si lo supierais. Ninguno entendéis lo que esto significa para mí. Quiero estar sola. O quizá no, quizá lo único que necesito es un abrazo, sin palabras de consuelo, porque no las hay, y un hombro. Un hombro en el que poder desahogar el dolor que me oprime el pecho en forma de lágrimas amargas.
Irremediablemente, un torrente de imágenes cruzan por mi mente a una velocidad de vértigo. El tiempo pasa más rápido de lo que debería, no soy consciente de que los minutos pasen. No lo hacen, estoy segura.
Y a pesar de todo, a pesar de que mi cuerpo reaccione así ante la noticia, a pesar de que las lágrimas humedezcan mis mejillas y los espasmos se apoderen de mí, no es eso lo que siento. No siento nada. Mi cuerpo ha asimilado la iformación y ha actuado en consecuencia, sin permiso de mi cabeza, que sigue sin asumirlo. Vacía por dentro y rota por fuera. Porque sé lo que significa, porque sé que no todos los cambios son para bien, como se empeña la gente en decir.
La casa, más desolada que nunca en la ocuridad me devuelve la mirada. El incesate sonido de la alarma retumba en mis oídos, pero al desconectarla, el silencio me invade, se podría cortar con el filo de un cuchillo.
Cojo una foto del mueble del salón, entre mis abuelos, ya fallecidos, y a observo durante largo rato, o puede que no tanto, porque el tiempo se ha vuelto loco de un momento a otro. Salimos los dos, sonriendo, hace dos o tres años. Busco minuciosamente en su rostro algún parecido con el mío, y me alegro de encontrar alguno,por ínfimo que fuere.
Y el silencio sigue oprimiéndome con fuerza.
El sueño adormece mis sentidos, pero no lo suficiente para llevarme a los brazos de Morfeo. Y tampoco quiero. Quiero estar aquí cuando vuelva. Quiero verle entrar por su propio pie, con esa sonrisa que he encontrado en ambos rostros, el suyo y el mío. Quiero escuchar los latidos de su corazón, como suelo haer de vez en cuando, y comprobar que está aquí. Que va a quedarse. Quiero deshacerme de esta mortificante sensación de que se me va. De que se me va sin que yo pueda hacer nada para impedirlo, sin poder cogerle del brazo y obligarle a luchar, contra viento y marea.
Quiero que esté a mi lado, siempre. Icluso más.

-H.