No sabía cómo, pero poco a poco el centro de su vida había pasado de ser ella misma a ser él. Solo él y nadie más. Por supuesto que seguía queriendo al resto de las personas a las que antes quería, pero ahora había descubierto una nueva forma de querer, una nueva forma de amar, nuevo para ella, desconocido y aterrador. Pero salvaje, hermoso y emocionante.
Y ahora que ha probado el néctar de la felicidad más absoluta y satisfactoria, es incapaz de volver a vivir como antes, no podría ver las cosas del mismo modo. Sin él, se sentiría vacía, perdida, inútil.
Cuando tiene que salir de entre sus brazos, cada paso en la dirección opuesta es un martirio, como cientos de agujas punzantes clavándose en su corazón, con el único alivio de que volvería a verlo pronto, volvería a beber de sus labios y a perderse en sus caricias.
Volvería a enterrar la cabeza en su cuello y aspiraría el aroma que la volvía loca, el aroma de una vida juntos.
No teme a nada ni a nadie si él la agarra de la mano, si él da cada uno de sus pasos junto a los de ella, recorriendo juntos un camino del que no se observa el final. Un camino en el que pueden aparecer piedras, en el que pueden tropezar y tropezarán, más de una vez y más de dos, pero ambos sabiendo que si caen, siempre habrá alguien que los levante.
Siempre habrá unos ojos cálidos en los que refugiarse en días grises y tormentosos.
Ella es consciente de que daría su vida por él sin pensarlo un instante siquiera, sin el menor atisbo de vacilación. Lo sabe desde ese día en el que el resto del mundo desapareció, ese día en el que parecía que lo único real era la persona que estaba frente a ella, sonrindole, sin saber que solo con ese gesto tan simple y banal, estaba haciendo de ella la persona más feliz sobre la faz de la Tierra.
En su fuero interno, está convencida de que tenía que conocerle, debía de estar escrito en las constelaciones, porque estar cerca de él era tan natural como la vida misma, tan necesario como el respirar, tan imprescindible como que le Sol salga cada mañana para comenzar un nuevo día.
Porque puede que haya muchos "nuevos días", pero ella se levantará cada uno de ellos junto a la misma persona: ÉL.