miércoles, 14 de noviembre de 2012

INK

Como el crepitar de las llamas en el hogar, danzando y enredàndose sobre sí misma, dirigida por el viento, como si de una orquesta sinfónica se tratase.
Como esa hoja seca que, en el transcurso del Otoño, se desprendió en un vuelo elegante para posarse suavemente en el tupido manto con el que sus hermanas forraban el suelo, formando un paisaje de colores desvaídos, todas las tonalidades de marrón, augurio de los fríos venideros.
Cual copo de nieve que desciende entre gráciles piruetas antes de fundirse.
Todo ello es reflejado por una pluma al escribir, trazando palabras sobre el papel, por cuyos poros la tinta se filtra, como resultado de un poeta ansioso por transformar sus pensamientos en palabras, ideas en algo real y tangible.
Pocos comprenderán a este poeta, pero los que lo hagan, lo harán hasta el ultimo de sus días.  


-H.

Filo de la vida

Sin saberlo, el filo de un puñal nos ha seguido siempre de cerca, amenazante, listo para ensartarse en nuestra espalda. Ese puñal traicionero, que a pesar de acompañarnos desde los albores de nuestra existencia, es el instrumento del que se sirven los demonios que habitan agazapados, ocultos en los cuerpos de las personas que nos rodean, para acuchillarnos en algún momento del camino. Es inevitable, pues la tentación es permanente, el puñal siempre en perfecta posición para herir donde más  duele. Demasiada tentación  para los demonios, que ansían hundirlo en la carne hasta la empuñadura y saciar su sed de sangre.
Ese ser maligno al que dan cobijo puede ser solo aplacado por una esencia opuesta, una luz que ilumina la oscuridad y aflora en nuestros ojos, mostrando la pureza que irradian, esa pureza que perdimos cuando el mundo empezó a cobrar sentido.
Pero simultáneamente al puñal, un velo cubre nuestra visión sobre uno mismo, que nos impide apreciar el propio demonio, al que alimentamos sin ser conscientes, hasta que un dìa cobra fuerza y nos hace presos de su voluntad, clavando el filo en una espalda amiga.
Por mucho que nos duela (o por poco que nos duela, depende de cómo se mire), la situación es así, y asiha sido  desde que el mundo es mundo.


-H.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Property of Society

         
        - Sí, quiero -no, no quiero, no, no, no.
Pero sabía que no podía resistirse a ello. Era su destino, lo que su padre esperaba de ella. Y no podía fallarle por nada del mundo.
Miró con ojos apenados hacia la multitud, a través del fino velo, hasta que se topó con SU mirada, la del hombre que deseaba que estuviese allí, a su lado en el altar. Pero eso no iba a suceder, ni enonces ni nunca.
Estaba sujeta a las denigrantes normas de la sociedad, y si ella, la princesa, se oponía a cumplirlas, ¿entonces por qué los demás habrían de hacerlo?
Injusto, pensó, el mundo es totalmente injusto. Y era imposible huir de él, por mucho empeño que pusieras, siempre te perseguía, implacable, hasta acabar con cualquier hálito de esperanza que albergaras en tu interior.
Aquella noche debería completar el matrimonio con un hombre al que no conocía, y al que no quería conocer. Su vida giraría en torno a un extraño. Y no poodría hacer nada para evitarlo.


-H.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Hacia un lugar tranquilo

Creía que podía olvidarlo todo durante unas horas. En realidad eso es lo que ella quería creer.
Miró esos polvos blancos que la sacarían de su dolor con ojos recelosos y al mismo tiempo con el deseo instalado en las pupilas. El deseo de alguien que anhela algo que ya conoce, que no le es ajeno.
Las líneas blancas, bien agrupadas, le devolvieron la mirada.
Respiró hondo y, una vez más, inhaló, siendo transportada a un mundo estático e indiferente donde se refugiaba del malvado mundo en el que estaba atrapada y del que no sabía cómo salir. De esa oscuridad que la consumía cada día un poco más.
Cerró los ojos  y se dejó llevar.

Atascada en el pasado

Entré en una tienda de libros usados y me acerqué a una de las altas estanterías plagadas de distintos tomos, antiguos, nuevos, de ficción, de amor, de aventuras...
Cogí uno de ellos al azar y pasé sus páginas rápidamente con el pulgar, dejando que su olor me llenase, una fragancia que solo un libro puede tener. Olor a historias plasmadas en palabras sobre la pasta de papel.
Los libros eran maravillas para mí, pequeños tesoros irreemplazables, relegados al olvido en aquellas pequeñas tiendas debido al implacable avance tecnológico, que inexorablemente cegaba a muchos humanos. Tan solo unos pocos afortunados son capaces de escabullirse de las zarpas del progreso, pudiendo apreciar los regalos que nuestros ancestros nos legaron.

-H.