jueves, 15 de octubre de 2015

A veces sueño

A veces sueño. Sueño que abro los ojos lentamente con las primeras luces de la mañana. Sueño que los tonos anaranjados de los tímidos rayos del amanecer tiñen todo a su paso del color de la tranquilidad de espíritu. Que salgo de entre el amasijo que es el saco de dormir y siento el tibio abrazo de la brisa aferrándose a mi cuerpo, apartando el pelo de mis ojos. Ojos que tienen ante sí la más maravillosa de las vistas. Un lugar puro, sin las huellas que el ser humano deja a su paso, virgen. 
Un lugar difícil de describir, pero que despierta sentimientos profundos en mí para los que no hallo palabras. 
Las escarpadas montañas se recortan contra el cielo, cortantes, imponentes, majestuosas. Los restos de nieve, vestigios de inviernos pasados, reflejan la luz del Sol con desgana, sabiéndose en sus últimos instantes antes de alimentar los ríos.
Me pierdo en los mil tonos de verde que llegan hasta donde la vista alcanza, y el olor a libertad me embriaga.
Sueño con un paraje de ensueño, sueño con mis pies descalzos enredándose en los pastos, sueño con la soledad en este rincón de paz, mi santuario, mío y de los pájaros que lo sobrevuelan. Me gustaría ser uno de ellos, poder verlo todo desde las alturas.
Sueño que me siento plenamente feliz aquí. 
Sueño... y cuando me despierto dejo de soñar. 
Un vacío se apodera de mi corazón las veces que despierto de este sueño. ¿Existirá este lugar?
Sé  que sí, pero no sé si es real. Es parte de mí. Mi mundo interno, mi refugio, mi hogar. Es mi yo más profundo, el que no está profanado con las frivolidades de la vida cotidiana. Un lugar al que sólo se accede si tienes la mente en blanco, mi Nirvana.
Mi sueño, mi secreto.

H.-

lunes, 12 de octubre de 2015

El futuro que no vimos llegar

Tengo miedo. Miedo de que te vayas y seas feliz sin mí. De que ya no necesites mis caricias, mis besos robados, que te los robe otra persona.
Miedo de que tus sonrisas ya no sean mías, de que me olvides cuando yo no voy a poder olvidarte.
Es egoísta, lo sé. Soy egoísta. Y mentirosa. Mentirosa porque siempre dije que quería que fueras feliz, cuando en realidad no puedo soportar la idea de que te alejes de mi lado, aunque sea con ese propósito.
Cada paso tuyo en otra dirección destroza un poco más mis ganas de sentir.
Tengo mil palabras en la boca, mil perdones, mil "te amo", tantos, que ninguno acierta a salir de mis labios.
Me siento como la mujer del "muelle de San Blás", esperando a que vuelvas, echando raíces en el umbral de la puerta por la que te fuiste.
Mi espalda añora que la yema de tus dedos la recorran. Mis labios, que los vuelvas a morder. Ya nadie recoge los mechones rebeldes detrás de mi oreja, nadie susurra en mi oído corazones. Ya nadie pinta paisajes en el lienzo de mi piel ni me dedica amaneceres.
Mis días de Sol ahora son grises, los grises no son días. Los tuyos seguirán siendo los mismos, con otra.
No me enfrento a mis demonios, me emborracho con ellos; de algún lugar he de sacar el calor que te has llevado. He corrido un tupido velo de locura y embriaguez para ocultar las telarañas asentadas en mi alma, si es que existe. Vacía coraza, soy una caracola a través de la cuál creerás oír el mar, mas solo será el viento dedicándome un solitario vals.
Nuestras canciones van perdiendo sus letras, tinta disuelta en un vaso de << por qués >>. La historia que escribimos, versos y prosa, besos y poesía, se emborrona y coge polvo en la balda más alta de la estantería.
Ya nada importa, el pasado, pasado, devorado por el futuro que no vimos llegar.
Así y todo, algunas noches doy tregua a mi batalla interna y me concedo volver a recordar. Me subo a la estantería y cojo con cuidado nuestra historia, le quito el polvo y los reproches y releo con un mar de añoranza en las pupilas. Me permito echarte menos la culpa y más de menos. Me permito divagar en mis ensoñaciones y pensar, por breves instantes de falsa felicidad, que el último punto es solo un aparte, no un punto y final.


.H-