lunes, 1 de abril de 2013

luz de esperanza

Las tinieblas te consumen y apenas eres capaz de arrancar tu angustia del pecho. El camino es arduo y difícil de recorrer. La lluvia empapa tu pelo y las gotas de agua resbalan hasta quedar pendidas de tus pestañas, pero no las ves. No ves nada más allá de tu desesperación. Exhausta, tu cuerpo no te permite dar un paso más. Porque ya has caminado durante demasiado tiempo y estás en medio de ninguna parte, tanto esfuerzo y dolor te han guiado hasta un páramo repleto de incertidumbre que hace que cada célula de tu ser se estremezca.
De rodillas, te abrazas a ti misma, te sujetas para no romperte en mil pedazos, para no quedar reducida a polvo
El vacío se apodera de ti más y más y ya no hay flaqueza de la que sacar fuerza, no hay tripas de las que hacer corazón, y tus ojos se cierran para hacerlo más rápido, para no ver tu inminente final. Pero algo se enciende tras tus párpados, que tiemblan indecisos, reacios a abrirse por miedo a encontrar que algo peor aún se cierne sobre ti, que la pesadilla no ha terminado. Aun así lo hacen, y no dan crédito a lo que ven. La cúpula gris que es el cielo se ha roto. Solo un poco, una mínima fisura en un manto impenetrable de hormigón. Y aunque no parezca cierto, ahí está: un rayo de luz dorada se infiltra, abriéndose paso hasta el suelo, bañando todo de color a escasos metros de ti. Te acercas y dejas que su color se reconforte, te abrace, que te devuelva todo lo que has perdido. Luz de esperanza.



-H.

3/13

Pocos momentos son comparables a este. A este momento en el que el estómago se me llena de aire helado y se me acelera el corazón. La sangre corre por mis venas a velocidades imposibles y mis ojos no pueden apartarse de ti. De esa sonrisa que hace que todo mi mundo se tambalee. Quedarme prendida de tu mirada es un hábito adquirido hace ya tiempo, un vicio que me sostiene con vida en este mundo de muerte. Conozco tus rasgos como si te conociera desde siempre y sueño con perderme entre tu piel, embriagada por tu esencia, reconfortada con tu calor, y que ningún mapa pueda enseñarme el camino de vuelta.


-H.