Habló, rompiendo el silencio, pero nadie contestó, y sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, pesadas como nada, haciendo aquel momento incluso más incómodo. Nadie quería hablar del tema, era demasiado reciente, demasiado doloroso para expresarlo con palabras vacías. ¿Merecía la pena siquiera estar ahí? Cerca de todo aquello que les recordaba a ese desafortunado momento de sus vidas, tras el cual nada volvería a ser como siempre había sido, como tenía que ser. Cerrar los ojos era imposible, al menos para algunos, que no podían borrar la escena de su mente. La tenían grabada detrás de los párpados e irremediablemente, intentar sumirse en el sueño significaba volver a pasar por todo otra vez. En ese punto, se preguntaban si de verdad aquella locura había servido de algo. Pero en su fuero interno sabían que la respuesta era SÍ. Desde un primer momento sabían que tendría que haber algún sacrificio para alcanzar su objetivo. Aunque entonces no sabían de qué magnitud habrían de ser éstos. Ahora que lo sabían, no estaban seguros de querer seguir adelante. Pero ella no podía darse por vencida, no ahora, que habían llegado más lejos que ningún otro, que estaban cerca de conseguirlo. No, no podían recular. Seguirían, con todo el dolor que la pérdida conlleva, a rastras si era necesario, pero no mirarían atrás.
Volvió sus ojos y observó el que podría ser su último atardecer, iluminada por la mortecina luz anaranjada del crepúsculo.
-H.
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