Este es el dilema de mi día a día, cuando la veo y pienso << Hoy es el día, hoy se lo diré >> pero el miedo me frena y me echa atrás como si la decisión que había tomado momentos antes no fuese relevante en absoluto, nada importante.
Algo en mi interior se rompe cuando la miro a los ojos, esos ojos que encierran mil secretos que Dios sabe si algún día podré llegar a desvelar, porque una parte de mi ser ansía poder tocarla de esa forma, mirarla de esa forma, pero la otra se amedrenta, insistiendo con una irritante vocecilla << ¿Y si ella no siente lo mismo? Entonces, ¿Qué harás? La perderás para siempre>>. Y lo que más miedo me da es saber que tiene razón, pero aún así mi mente sigue divagando, haciendo que me la imiagine cerca de mí, pero a la vez tan lejos de ser real. Su pelo caoba y su piel color caramelo, suave como la brisa del crepúsculo, que me hipnotiza cada instante un poco más, si es que es posible llegar hasta tal punto.
Esta continua indecisión me consume lentamente como el cigarrillo que descansa en mis labios, esperando a ver si me decido a darle una calada más a la vida.
-H


