viernes, 27 de septiembre de 2013

wild is free

Cuando la música suene, vuélvete loca, y que las luces de colores iluminen tu piel con olor a libertad. Haz todo menos lo que se espera de ti, rompe los esquemas. Cuélate en una foto de estrangis, grita por la calle sin temor a que nadie te mire de forma extraña. Baila al compás del viento y pisa con la fuerza de un huracán. Báñate en el mar en invierno. Hazte un tatuaje que plasme tu juventud. Acaba con la rutina que se apodera del día a día. Si ríes, que sea a carcajadas, que te duela. Si besas, que sea con la pasión que solo nosotras tenemos. No sueñes solo cuando estés dormida, hazlo durante todo el día, durante toda la vida. No hagas caso, no bajes a la Tierra, quédate en las nubes y no tengas los pies en el suelo.
La vida es más divertida del revés, así que habrá que vivirla haciendo el pino.


-H.

jueves, 26 de septiembre de 2013

La oscura silueta de los árboles

Se despertó de madrugada, como le ocurría últimamente. La ansiedad no le dejaba dormir bien y cuando se despertaba no tenía más remedio que ponerse los vaqueros del día anterior y salir a la calle a pasear.
Se encendió un cigarrillo y expulsó el humo de sus pulmones mientras el frío de la noche despejaba su mente.
Aquellos momentos en los que las calles estaban desiertas y todo cerrado, eran los que empleaba en pensar. No en pensar en su día a día, como haría cualquier persona, especialmente una persona de su condición. La gente desgraciada, por lo general, suele regodearse en su miseria. Pero él no.
Sus lentas y rítmicas zancadas lo llevaron al mismo banco que las pasadas noches, lugar que ya se había convertido en su santuario, en su Meca.
Y allí, mientras su mirada se fijaba en la oscura silueta de los árboles, dejó a sus pensamientos vagar libremente, empezando por la sonrisa de una desconocida mujer con la que se había cruzado horas atrás en la calle, después se acordó de la breve llamada telefónica que le había hecho su hermana, su único familiar, que tanto le alegraba los días, la inocencia de una pequeña niña rubia que jugaba en el parque a la hora de comer…
Inevitablemente su mente se mantenía ocupada rememorando los efímeros momentos en los que la felicidad lo encontraba. Hacía tiempo que había descubierto que pensar en las cosas malas que le ocurrían, no hacía más que aumentar su desdicha. Sin embargo, una noche de verano, cuando la fresca brisa nocturna revolvía suavemente sus cabellos, se dio cuenta de podía encontrar la paz, aunque solo fuera durante unos instantes, si cerraba los ojos y revivía los pequeños instantes de alegría. De esta forma se evadía de sus problemas y de su mejorable situación.
De esta forma, un hombre con más problemas de los que la mayoría de nosotros podemos contar, conseguía ser cada día más feliz que muchos.



-H.