De rodillas, te abrazas a ti misma, te sujetas para no romperte en mil pedazos, para no quedar reducida a polvo
El vacío se apodera de ti más y más y ya no hay flaqueza de la que sacar fuerza, no hay tripas de las que hacer corazón, y tus ojos se cierran para hacerlo más rápido, para no ver tu inminente final. Pero algo se enciende tras tus párpados, que tiemblan indecisos, reacios a abrirse por miedo a encontrar que algo peor aún se cierne sobre ti, que la pesadilla no ha terminado. Aun así lo hacen, y no dan crédito a lo que ven. La cúpula gris que es el cielo se ha roto. Solo un poco, una mínima fisura en un manto impenetrable de hormigón. Y aunque no parezca cierto, ahí está: un rayo de luz dorada se infiltra, abriéndose paso hasta el suelo, bañando todo de color a escasos metros de ti. Te acercas y dejas que su color se reconforte, te abrace, que te devuelva todo lo que has perdido. Luz de esperanza.
-H.
No hay comentarios:
Publicar un comentario