Pocos momentos son comparables a este. A este momento en el que el estómago se me llena de aire helado y se me acelera el corazón. La sangre corre por mis venas a velocidades imposibles y mis ojos no pueden apartarse de ti. De esa sonrisa que hace que todo mi mundo se tambalee. Quedarme prendida de tu mirada es un hábito adquirido hace ya tiempo, un vicio que me sostiene con vida en este mundo de muerte. Conozco tus rasgos como si te conociera desde siempre y sueño con perderme entre tu piel, embriagada por tu esencia, reconfortada con tu calor, y que ningún mapa pueda enseñarme el camino de vuelta.
-H.
No hay comentarios:
Publicar un comentario