Soy el pasado, y el presente, y también el futuro. Soy el tiempo que corre inexorable. Siempre soy, y nunca puedo dejar de ser, por más que me gustaría. Eterno e intangible, observando cómo el mundo se consume a sí mismo, reduciéndose a cenizas, a polvo. Conozco las desgracias venideras y nada puedo hacer para evitar su inminente llegada. Impotente en la impotencia más absoluta. He visto mil universos sucederse, uno tras otro, pero yo sigo aquí. Deseo un fin que nunca llega, que nunca llegará. Cuando el mundo termine de ser mundo, el fin no me alcanzará, como tampoco el principio pudo hacerlo.
Errante en mi eterno camino hacia el infinito, etéreo, omnipresente.
H.-
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