lunes, 27 de mayo de 2013

SOY

Soy el pasado, y el presente, y también el futuro. Soy el tiempo que corre inexorable. Siempre soy, y nunca puedo dejar de ser, por más que me gustaría. Eterno e intangible, observando cómo el mundo se consume a sí mismo, reduciéndose a cenizas, a polvo. Conozco las desgracias venideras y nada puedo hacer para evitar su inminente llegada. Impotente en la impotencia más absoluta. He visto mil universos sucederse, uno tras otro, pero yo sigo aquí. Deseo un fin que nunca llega, que nunca llegará. Cuando el mundo termine de ser mundo, el fin no me alcanzará, como tampoco el principio pudo hacerlo.
Errante en mi eterno camino hacia el infinito, etéreo, omnipresente.

H.-

domingo, 19 de mayo de 2013

[ ]

Habló, rompiendo el silencio, pero nadie contestó, y sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, pesadas como nada, haciendo aquel momento incluso más incómodo. Nadie quería hablar del tema, era demasiado reciente, demasiado doloroso para expresarlo con palabras vacías. ¿Merecía la pena siquiera estar ahí? Cerca de todo aquello que les recordaba a ese desafortunado momento de sus vidas, tras el cual nada volvería a ser como siempre había sido, como tenía que ser. Cerrar los ojos era imposible, al menos para algunos, que no podían borrar la escena de su mente. La tenían grabada detrás de los párpados e irremediablemente, intentar sumirse en el sueño significaba volver a pasar por todo otra vez. En ese punto, se preguntaban si de verdad aquella locura había servido de algo. Pero en su fuero interno sabían que la respuesta era SÍ. Desde un primer momento sabían que tendría que haber algún sacrificio para alcanzar su objetivo. Aunque entonces no sabían de qué magnitud habrían de ser éstos. Ahora que lo sabían, no estaban seguros de querer seguir adelante. Pero ella no podía darse por vencida, no ahora, que habían llegado más lejos que ningún otro, que estaban cerca de conseguirlo. No, no podían recular. Seguirían, con todo el dolor que la pérdida conlleva, a rastras si era necesario, pero no mirarían atrás.
Volvió sus ojos y observó el que podría ser su último atardecer, iluminada por la mortecina luz anaranjada del crepúsculo.


-H.

Vana esperanza de una desesperada imaginación

Nada en el mundo podría hacerme apartar la vista de ti, ahora que soy tuya, ahora que eres mío, como nunca nadie lo ha sido, como nunca nadie lo será. Los minutos pasan, pero apenas si soy consciente de ello. Nada puede importarme más allá de nosotros. Por fin, ese maldito vacío que me atenazaba el pecho constantemente, ha desaparecido, lo has llenado con tu luz y sé que ya puedo respirar tranquila. Que no me romperé en mil pedazos porque estás tú, para sujetarme, no me dejas caer.
Una cálida luz baña mi rostro. Tras mis párpados, formas de colores danzan sin ton ni son. Al abrir los ojos me doy cuenta de que esa luz es el Sol, que se filtra por mi ventana, dándome los buenos días. Aún no me desperezo, sigo tumbada sobre la cama, mi pelo cubriendo la almohada simulando una cascada cobriza. La sonrisa aún sigue en mis labios y estiro el brazo para tocarte, a mi lado, pero el colchón frío acusa tu ausencia, me grita que no fue más que un sueño, un sueño tan real que parece ser cierto, pero no lo es. De nuevo esa presión en el pecho. De nuevo me resquebrajo, sabiendo que con cualquier movimiento podría romperme, como aquella vez. Y tú, tú, tú eres el culpable, ambos lo sabemos, pero lo que solo yo sé, es que también tú eres el único capaz de mantenerme viva. Pero ya no estás. Hace tiempo que no estás. Alguna noche visitas mis sueños, dulce consuelo del subconsciente.
Me arrebujo entre las sábanas, cada vez más frías, cada vez más grises. Y pienso.
Podrías volver. Es posible que algún día vuelvas. ¿Te estaré esperando? No sé si llegaré cuerda a ese momento o si la añoranza habrá conseguido abandonarme. A quién quiero engañar. Seguiré en el mismo monótono letargo en el que estoy sumida desde hace años. Y si volvieras dejaría de ser un maniquí, una marioneta movida por las cuerdas de la vida. Sería yo de nuevo, sería yo riendo, soñando, volando, sería yo, sin duda. Y rezo, si es que hay alguien que me escuche, para que ese momento llegue algún día. Que no sea solo una vana esperanza de mi desesperada imaginación.

-H.