lunes, 19 de agosto de 2013

cenizas de una mente torturada

Quiero dejar de vagar por este páramo marchito y gris. Cada fibra de mi nimio ser desea que mi alma y mi cuerpo se deshagan en mil pedazos y se conviertan en viento. 
Este lugar de desesperación ya no está hecho para mí, o yo ya no estoy hecha para él. Solo quedan cenizas de una mente torturada, retazos de un ente que es pero que no existe, un cuerpo vacío, hueco.
No siento el frío ni el calor, tampoco dolor. No siento nada.
Solo quiero desaparecer, junto con esa otra parte de mí que hace tiempo se marchó, como si nunca hubiera estado, dejando un corazón muerto y una mirada perdida.
Las correas son lo único que me atan a la vida, al suplicio, a mi condena. El duro colchón bajo mi espalda es eterno recordatorio de la prisión en la que me encierran.
Creen que estoy loca, puede que sea cierto. Puede que el sufrimiento haya terminado por resquebrajar la poca cordura que me quedaba. Tampoco importa ya.
No necesito compasión, no la quiero. Lo que ansío es libertad para poder volar lejos de aquí, para cerrar los ojos y no volver a abrirlos, no volver a respirar este aire viciado y sucio, plagado de mentiras y cinismo.
Pero los que creen ser mis salvadores no son más que sombras que arrojan puñados de tierra sobre mi tumba en vida.
Necesito huir, desesperadamente. Ya no es suficiente imaginarme libre. Me quedo sin aire, pero no muero, me ahogo pero sigo respirando. Quiero gritar pero no tengo voz para hacerlo.
No sé cuánto tiempo estaré así. Tal vez alguien me comprenda y me deje marchar, eso es lo que espero. O tal vez no es más que una esperanza sin sentido que juega con el poco entendimiento que me queda. Tal vez cumpliré condena hasta que los días del mundo se apaguen. No lo sé, no sé nada.
Solo sé que quiero morir.


-H.

jueves, 15 de agosto de 2013

El Nombre del Viento

<<He robado princesas a reyes agónicos.  Incendié la ciudad de Trebon . He Pasado la noche COn Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a Una edad a la que la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche Caminos de los que otros no se atreven a hablar siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar bardos. Me llamo Kovthe. Quizás hayas oído hablar de mí. >>

-EL NOMBRE DEL VIENTO, PATRICK ROTHFUSS.

lunes, 12 de agosto de 2013

un instante de libertad

La luna llena brillaba alta en el oscuro firmamento salpicado de estrellas, iluminando aquella noche fresca como si aún fuese de día.
La joven se apoyó en la ancha barandilla de mármol blanco y en sus pupilas se reflejó la reina de la noche. Tomó una gran bocanada de aire que soltó en forma de suspiro soñador. Su mirada se perdía en la línea del horizonte, en la que se  recortaba la silueta de las montañas en la distancia. Jamás había traspasado las murallas del palacio, no conocía más allá de sus paredes decoradas con los más exquisitos relieves o cubiertas con los más caros tapices provenientes de lugares exóticos y lejanos que hubiera deseado contemplar. Su vida estaba llena de lujos y cada mañana las esclavas adornaban su cuerpo con vestidos de seda y piedras preciosas. Trenzaban su pelo con hebras de oro y flores.
Aquella preciosa muchacha era la envidia de cualquier mujer por su innata belleza, sus preciosos ojos oscuros y la delicadeza de sus facciones. Sin embargo, nadie la había visto sonreír. 
Caminaba errante por los pasillos, absorta en sus pensamientos, sumida en su propia desesperación. 
Los vestidos la ahogaban, las joyas le pesaban como losas y su ánimo se marchitaba cada día un poco más.
El único momento en el que sentía que podía respirar era aquel en el que todo el palacio dormía profundamente y ella salía a uno de los grandes balcones que dominaban la cara norte del edificio. Entonces oteaba en la lejanía y jugaba a imaginar qué maravillosas tierras se extenderían tras las cadenas montañosas que cercaban sus dominios. Cerraba los ojos y podía verse en terrenos exóticos completamente nuevos para ella, donde podía correr cuanto quisiera sin que nadie la detuviera. No tenía límites, no era de nadie mas que suya, y solo entonces una sonrisa se dibujaba en su rostro. 
La brisa se entrelazaba con sus cabellos que desprendían fragancias de rosas salvajes. Purificó los pulmones con ese aire, que nada tenía que ver con la viciada atmósfera de palacio.
El alba comenzaba a despuntar y el cielo se teñía de tonos rosados. De nuevo, una vez más, su retiro del mundo había tocado a su fin. Y cada día era más difícil volver a la realidad. 
Esta vez sería diferente, se dijo, esta vez sería suya, como tantas veces había fantaseado. Pero no sería un sueño, no. Sería real, muy real.
Con su ágil juventud se subió a la barandilla y extendió los brazos.
El viento a sabiendas de sus intenciones intentó detenerla, pero solo logró que su vestido añil se agitara como las olas del mar.
Miró abajo, donde quedaban, a tanta distancia, los hermosos jardines repletos de capullos en flor.
Y se arrojó al vacío. Sin que nadie pudiera evitarlo.
Ya era suya.
Horas más tarde su cuerpo fue hallado entre las flores, tan hermosa como siempre había sido. Parecía estar sumergida en un profundo sueño. 
Pero encontraron algo extraño en ella: estaba sonriendo. 
Y la sonrisa de la joven en aquel cuerpo sin vida fue lo más bonito que nadie había visto jamás.

-H.


domingo, 11 de agosto de 2013

un lienzo por pintar

Los olores se entremezclan en un remolino de perfumes que me dejan atontada. Todo huele a césped recién cortado, Sol y tranquilidad. Todo huele a verano. A un verano de mil colores, de flores, de pájaros, de niños riendo.
Una profunda sensación de paz se apodera de mí. Sensación que solo esta época del año consigue producirme. Ahora todo se ve desde otra perspectiva, con otros ojos. Ya no está el velo de la incertidumbre, del cansancio... Todo es más brillante, todo está más vivo. La vida me pide a gritos que la viva, ya, ahora, como nunca antes.
Un millón de posibilidades se despliegan ante mí, posibilidades que antes no estaban ahí. O que yo estaba demasiado ocupada como para reparar en su existencia. Demasiado ciega.
Pero hoy puedo pintarlo todo de verde, rosa y amarillo.
Hoy puedo hacer el mundo mío.

-H.