viernes, 18 de abril de 2014

contigo, feliz

Te amo.
Con cada ápice de mi ser, con cada aliento que expiro.
Con tus manías y con las mías, con tu filosofía de vida, que descarrila el tren de la monotonía que es mi vida, todo rutina. 
Te amo con tu manera de sentir, por cómo me haces sentir a mí. Porque me haces sentir, más que cualquier otro ser sobre la faz de la Tierra.
Te amo cada instante del día, que te pienso sin pensarlo, tanto que hasta dormida te quiero.
Me pierde la suavidad de tu piel contra mis dedos, la forma de tu espalda y cómo tus sonrisas se reflejan en tus ojos. Tus ganas de vivir y tu alegría innata inherente a ti, tu constante buen humor.
Te quiero en nuestras discusiones y te quiero cuando finges que me odias. Pero sobre todo cuando me susurras al oído que me quieres, tan bajito que solo yo lo puedo oír, nuestro secreto.
Te quiero cuando me hablas canciones, como esa que dice que los mejores abrazos son los que se dan por nada.
Me sorprendo a mí misma, siendo lo más feliz que se puede ser, descubriendo partes de mi que ignoraba, conociéndome, conociéndote, conociéndonos.
Te quiero más de lo que he querido a nadie hasta ahora, tanto que me da miedo, miedo que, sin saberlo, disipas haciéndome reír hasta que me duele la tripa.
No sé qué sucederá mañana, yo solo vivo el momento, el ahora, tú. Quiero que todos mis "hoy" sean diferentes, pero todos como ayer: contigo, feliz.
Y si esto algún día termina, siempre vas a formar parte de mi historia, por lo mucho que me has querido, por lo que hemos vivido, pero por encima de todo, porque has sido tú quien me ha enseñado a querer. Y eso no son palabras que se lleva el viento, aunque solo yo puedo saberlo.
Te quiero, y siempre voy a hacerlo, por todo lo que somos, por lo que hemos sido, y por lo que nos queda por ser.

H-

sábado, 5 de abril de 2014

Puede que vuelva con la siguiente estación.

Sus redondos ojos negros me miraban fijamente. El destello blanco que brillaba en sus pupilas, la inteligencia, atrapaba mis sentidos. Y cada atardecer, cuando la luz anaranjada se reflejaba en sus iris, la belleza contenida me dejaba sin aliento.
A mi mente acuden todas esas noches de caricias, suaves, como si sus dedos fueran plumas. Preciosas plumas verdes que recorrían mi espalda, haciendo que mi cuerpo temblara de placer.
Y sus besos...sus besos me hacían volar, ligeros como una exhalación pero apasionados.
Me tenía, me tenía y era plenamente consciente de ello.
Y yo la tenía a ella. Era mía, su cuerpo era mío, sus risas eran mías, también sus manías y sus gestos.
Todo era mío a excepción de su alma. Nunca me lo dijo, pero yo lo sabía. Lo sabía cuando miraba al cielo con aire soñador.
Y un día echó a volar, cada vez más alto, cada vez más lejos. Con un último <<te quiero>> pintado en los labios dejó que el viento la llevase sin rumbo a un destino desconocido.
Me quiso, puede que aún me quiera. Pero ahora entiendo, o al menos trato de hacerlo, que nunca fue de nadie más que suya. Que no se la puede enjaular. Salvaje y libre.
Aún hoy miro al horizonte, con la vana esperanza de verla regresar con el verano, batiendo las alas, volviendo para enterrarse de nuevo entre mis brazos hasta que su cuerpo le pidiese volver a remontar el vuelo.
Y sé que volverá, porque me quiso, porque la quiero.


H-

SOMOS FRÁGILES

Somos frágiles.
La vida puede con nosotros. Solo nos da unos pocos años, nos confiamos, nos creemos invencibles. Pero no lo somos, y ella lo sabe, eso es lo que quiere. Que vivamos, que amemos. Y es entonces cuando decide que hemos vivido suficiente, es entonces cuando arranca de raíz nuestra esencia del mundo, cuando nos reduce a sombras, cenizas y hojas secas. Dejando nada más que recuerdos en aquellos que aún nos quedamos aquí. Trozos salados de alma repartidos entre las lágrimas que humedecen los ojos de los que nos ven marchar, los que tienen que seguir adelante con el corazón sangrante y una herida que nunca sana. 
Realmente no somos nada. Nada más que un suspiro que se escapa entre sus labios.
La vida disfruta viéndonos sufrir, aferrándonos a ella, tratando de no caer al vacío del que nada sabemos, ese del que nadie vuelve, ese al que todos vamos tarde o temprano. No importan nuestros esfuerzos por resistir, da igual que lloremos ríos enteros o amemos con la intensidad de un titán, ella, impasible, acaba con nosotros.
Porque somos débiles. 
Porque somos frágiles. 


H-