Somos frágiles.
La vida puede con nosotros. Solo nos da unos pocos años, nos confiamos, nos creemos invencibles. Pero no lo somos, y ella lo sabe, eso es lo que quiere. Que vivamos, que amemos. Y es entonces cuando decide que hemos vivido suficiente, es entonces cuando arranca de raíz nuestra esencia del mundo, cuando nos reduce a sombras, cenizas y hojas secas. Dejando nada más que recuerdos en aquellos que aún nos quedamos aquí. Trozos salados de alma repartidos entre las lágrimas que humedecen los ojos de los que nos ven marchar, los que tienen que seguir adelante con el corazón sangrante y una herida que nunca sana.
Realmente no somos nada. Nada más que un suspiro que se escapa entre sus labios.
La vida disfruta viéndonos sufrir, aferrándonos a ella, tratando de no caer al vacío del que nada sabemos, ese del que nadie vuelve, ese al que todos vamos tarde o temprano. No importan nuestros esfuerzos por resistir, da igual que lloremos ríos enteros o amemos con la intensidad de un titán, ella, impasible, acaba con nosotros.
Porque somos débiles.
Porque somos frágiles.
H-
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