Te amo.
Con cada ápice de mi ser, con cada aliento que expiro.
Con tus manías y con las mías, con tu filosofía de vida, que descarrila el tren de la monotonía que es mi vida, todo rutina.
Te amo con tu manera de sentir, por cómo me haces sentir a mí. Porque me haces sentir, más que cualquier otro ser sobre la faz de la Tierra.
Te amo cada instante del día, que te pienso sin pensarlo, tanto que hasta dormida te quiero.
Me pierde la suavidad de tu piel contra mis dedos, la forma de tu espalda y cómo tus sonrisas se reflejan en tus ojos. Tus ganas de vivir y tu alegría innata inherente a ti, tu constante buen humor.
Te quiero en nuestras discusiones y te quiero cuando finges que me odias. Pero sobre todo cuando me susurras al oído que me quieres, tan bajito que solo yo lo puedo oír, nuestro secreto.
Te quiero cuando me hablas canciones, como esa que dice que los mejores abrazos son los que se dan por nada.
Te quiero cuando me hablas canciones, como esa que dice que los mejores abrazos son los que se dan por nada.
Me sorprendo a mí misma, siendo lo más feliz que se puede ser, descubriendo partes de mi que ignoraba, conociéndome, conociéndote, conociéndonos.
Te quiero más de lo que he querido a nadie hasta ahora, tanto que me da miedo, miedo que, sin saberlo, disipas haciéndome reír hasta que me duele la tripa.
No sé qué sucederá mañana, yo solo vivo el momento, el ahora, tú. Quiero que todos mis "hoy" sean diferentes, pero todos como ayer: contigo, feliz.
Y si esto algún día termina, siempre vas a formar parte de mi historia, por lo mucho que me has querido, por lo que hemos vivido, pero por encima de todo, porque has sido tú quien me ha enseñado a querer. Y eso no son palabras que se lleva el viento, aunque solo yo puedo saberlo.
Te quiero, y siempre voy a hacerlo, por todo lo que somos, por lo que hemos sido, y por lo que nos queda por ser.
H-
No hay comentarios:
Publicar un comentario