miércoles, 14 de noviembre de 2012

Filo de la vida

Sin saberlo, el filo de un puñal nos ha seguido siempre de cerca, amenazante, listo para ensartarse en nuestra espalda. Ese puñal traicionero, que a pesar de acompañarnos desde los albores de nuestra existencia, es el instrumento del que se sirven los demonios que habitan agazapados, ocultos en los cuerpos de las personas que nos rodean, para acuchillarnos en algún momento del camino. Es inevitable, pues la tentación es permanente, el puñal siempre en perfecta posición para herir donde más  duele. Demasiada tentación  para los demonios, que ansían hundirlo en la carne hasta la empuñadura y saciar su sed de sangre.
Ese ser maligno al que dan cobijo puede ser solo aplacado por una esencia opuesta, una luz que ilumina la oscuridad y aflora en nuestros ojos, mostrando la pureza que irradian, esa pureza que perdimos cuando el mundo empezó a cobrar sentido.
Pero simultáneamente al puñal, un velo cubre nuestra visión sobre uno mismo, que nos impide apreciar el propio demonio, al que alimentamos sin ser conscientes, hasta que un dìa cobra fuerza y nos hace presos de su voluntad, clavando el filo en una espalda amiga.
Por mucho que nos duela (o por poco que nos duela, depende de cómo se mire), la situación es así, y asiha sido  desde que el mundo es mundo.


-H.

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