Entré en una tienda de libros usados y me acerqué a una de las altas estanterías plagadas de distintos tomos, antiguos, nuevos, de ficción, de amor, de aventuras...
Cogí uno de ellos al azar y pasé sus páginas rápidamente con el pulgar, dejando que su olor me llenase, una fragancia que solo un libro puede tener. Olor a historias plasmadas en palabras sobre la pasta de papel.
Los libros eran maravillas para mí, pequeños tesoros irreemplazables, relegados al olvido en aquellas pequeñas tiendas debido al implacable avance tecnológico, que inexorablemente cegaba a muchos humanos. Tan solo unos pocos afortunados son capaces de escabullirse de las zarpas del progreso, pudiendo apreciar los regalos que nuestros ancestros nos legaron.
-H.
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