Qué difícil no perderse en tus palabras, susurradas justo antes del amanecer, retazos de un pasado cercano. Música para mis tiernos oídos, mi nana antes de sucumbir en el abrazo de la inconsciencia. Versos que nunca recordaré, tan solo tu voz, que promete mil cosas y a la vez ninguna. Tantos secretos compartidos. Pero yo ¿qué soy? Nada más que una prisionera, encerrada en la jaula que entretejes con tu mirada. Cuando estás cerca me siento pequeña, diminuta en un mundo enorme que lo abarca todo, todo cuanto puede llegar a significar algo en mi efímera vida, en mi eterna fantasía. Rehén entre tus sábanas, víctima de tu sonrisa, de tus dulces caricias, como copos de nieve al caer desde el cielo de invierno. Nuestros alientos se cruzan y tus dedos se enredan en mi pelo. ¿Por qué yo? No puedo evitar pensarlo ¿Por qué yo? ¿Por qué me haces tan feliz a mí cuando cualquier hermosa princesa podría estar en mi lugar? No puedo pensar ya con claridad, tu mera presencia me aturde, y quizá es mejor así, no esperar nada, solo sentir el presente. Tu piel rozando mi piel.
-H.
No hay comentarios:
Publicar un comentario